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¡El Río Sutó Resurge con Furia Tras Más de Tres Décadas!

La Majestuosa Catarata del Riquío Devuelve la Vida y la Nostalgia a San José de Chiquitos

Las lágrimas corren por los rostros arrugados de los abuelos. Las risas de los niños resuenan como antaño. Después de más de 30 años de silencio y sequedad, el histórico Río Sutó –el mismo que vio nacer Santa Cruz de la Sierra el 26 de febrero de 1561– ha vuelto a correr con la fuerza y la belleza de sus mejores tiempos. Las intensas lluvias que han caído sin tregua sobre la serranía de El Riquío, cabecera del legendario afluente, han obrado el milagro: una imponente cascada tipo catarata brota ahora con vigor en las faldas del Riquío, regalando a la tierra chiquitana un espectáculo de agua, vida y memoria que parecía perdido para siempre.

El Sutó no era cualquier arroyo. Era el pulso vital de una región entera. Caudaloso y generoso, sus aguas cristalinas alimentaron la fundación misma de Santa Cruz la Vieja, cuando el capitán Ñuflo de Chávez, maravillado por el paisaje que le recordaba a su Extremadura natal, plantó la primera piedra de la ciudad a sus orillas. Durante siglos, sus orillas fueron balneario natural, lavadero comunitario, fuente de pesca abundante y proveedora del “líquido elemento” para miles de hogares. Las mujeres lavaban ropa entre risas; los niños se bañaban bajo sus chorros; los pescadores regresaban con la canasta llena. Poetas y escritores locales le dedicaron odas románticas, cantando a su belleza salvaje y a su rol como guardián de la serranía. “El Sutó era el alma de San José”, recuerdan los ancianos con la voz entrecortada.

Pero el progreso, a veces ciego, le cobró factura. El desmonte indiscriminado en las zonas de recarga hídrica –bosques talados para agricultura, ganadería y nuevos asentamientos– rompió el delicado equilibrio. Incendios forestales, sequías prolongadas y lluvias cada vez más intensas pero menos infiltrantes terminaron por secar su cauce superficial. Lo que fue un río orgulloso se convirtió en un hilo de agua, apenas 13 litros por segundo en sus peores momentos. El 70% del abastecimiento de la población pasó a depender de pozos subterráneos, muchos de los cuales comenzaron a fallar. La tristeza invadió el pueblo. El chorro que había inspirado versos y sueños desapareció, dejando un vacío que dolía en el alma colectiva.

Hoy, sin embargo, el cielo y la tierra han conspirado para devolverle la esperanza. Las lluvias persistentes de las últimas semanas han permitido que una mayor fracción de agua lograra infiltrarse en el subsuelo, recargando el acuífero que alimenta el manantial. Un estudio reciente liderado por la Dra. Mónica Guzmán Rojo, investigadora del Centro de Investigación para el Desarrollo Regional (CIDOR) de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”, explica el fenómeno con precisión científica: en promedio, solo el 16,4% de la lluvia logra recargar estos sistemas subterráneos, pero las condiciones de este año –distribución más favorable de las precipitaciones– han hecho posible el milagro visible. “Ver nuevamente brotar El Sutó es una señal alentadora”, señala la investigación. “Muestra que, protegiendo las zonas de recarga, aún podemos recuperar lo que creíamos perdido”.

Los más viejos no pueden contener la emoción. Doña Irma Selene, de 87 años, quien de joven cargaba tinajas en la cabeza desde el Sutó, se emociona al verlo: “Es como si mi juventud hubiera regresado”. Familias enteras peregrinan ahora al balneario natural, donde la cascada ruge con un poder que no se veía desde hace décadas. Turistas y científicos se suman al asombro. El Parque Nacional Histórico Arqueológico Santa Cruz la Vieja, que resguarda este tesoro, vibra con una nueva energía.

Y en medio de la celebración, surge la lección profunda. La reaparición del Sutó no es solo un regalo de la naturaleza; es un llamado urgente. Gracias a la Ley Autonómica Municipal 219, promulgada en San José de Chiquitos, las zonas de recarga hídrica ya están declaradas prioridad y se protegen con monitoreo, restauración post-incendio y un fondo específico para el agua. La ciencia y la memoria ancestral –como la leyenda local de Gueebi, el “Hijo de la Lluvia” que se filtra lento bajo tierra– se unen para recordarnos que el agua no es un recurso infinito, sino un pacto frágil entre el bosque, la lluvia y el ser humano.

El Río Sutó ha vuelto. Su cascada brilla bajo el sol chiquitano como un símbolo de resiliencia y esperanza. San José de Chiquitos, cuna de Santa Cruz, vuelve a sonreír. Pero esta vez, con la certeza de que solo cuidando el Riquío y sus bosques podremos asegurar que este chorro nunca más se apague. El pasado ha regresado… y el futuro, si lo protegemos, puede ser aún más caudaloso.


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