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El rugir de los motores en la Integración del Oriente, vuelve a San José tras 6 años de ausencia

En su 48.ª edición, la mítica competencia organizada por Adecruz marca un hito histórico al devolverle la adrenalina del automovilismo a la cuna de la cruceñidad, conectando las rutas del oriente boliviano desde Cotoca.

La velocidad, el rugido inextinguible de los motores y la pasión tuerca están de regreso. Tras seis largos años de espera, la cuna de la cruceñidad volverá a convertirse en el epicentro del automovilismo departamental al acoger la 48.ª versión del Gran Premio Integración del Oriente (GPIO), la competencia más tradicional, dura y emblemática del departamento de Santa Cruz.

La fiesta sobre ruedas arrancará desde el santuario de Cotoca, punto de partida de la Etapa 1, desde donde los mejores pilotos del país desafiarán la geografía cruceña, sus caminos de tierra y su exigente topografía hasta cruzar la bandera a cuadros en plena tierra jesuítica. La llegada de esta prueba mítica al municipio no solo reactiva una tradición histórica de 48 años, sino que promete desatar una verdadera fiesta popular, turística y económica para las familias chiquitanas.

Este esperado retorno se consolida como resultado de las gestiones impulsadas por el alcalde municipal de San José de Chiquitos, Diego Caballero Saavedra, quien junto a las autoridades del Gobierno Autónomo Municipal de San José de Chiquitos e ingenieros de ruta de la Asociación de Automovilismo Deportivo de Santa Cruz (Adecruz), articuló los esfuerzos logísticos para que la bandera a cuadros vuelva a flamear con fuerza en el corazón de la Chiquitania.

Con las máquinas a punto de encender la chispa de la competencia, San José de Chiquitos abre sus brazos para recibir a delegaciones, equipos mecánicos y miles de aficionados del deporte tuerca. El pueblo jesuítico vibrará al ritmo del acelerador, reafirmando que el Gran Premio Integración del Oriente no solo es una prueba de resistencia y destreza al volante, sino el hilo invisible que une la historia, la cultura y el espíritu indomable del oriente boliviano.


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