La Hermana Franciscana Angelina Mónica Canedo Quiroga se despidió este fin de semana de la comunidad josesana, donde pasó seis años de servicio dedicado a la educación y el acompañamiento espiritual, para emprender una nueva etapa en la periferia de Rosario, Argentina. En un emotivo mensaje dirigido a Radio El Cacique, su audiencia y el pueblo de San José en general, Sor Mónica expresó su profundo agradecimiento por el cariño recibido y su compromiso con la misión en zonas vulnerables, dejando un vacío de tristeza entre los fieles que la veían como consejera y compañera incondicional.
La despedida de Sor Mónica, quien llegó a San José de Chiquitos en 2020 como parte de la larga tradición misionera de las Franciscanas Angelinas en Bolivia, marcó el cierre de un capítulo lleno de frutos en la «cuna de la cruceñidad». Durante su estancia, la religiosa se involucró activamente en la Unidad Educativa Santa Clara, donde fungió como coordinadora y promotora de valores franciscanos, participando en congresos educativos como el V Congreso Educativo Franciscano Angelino en 2023, enfocado en la formación integral de docentes y alumnos. Su labor se extendió al acompañamiento pastoral en la parroquia San José, colaborando con iniciativas de misericordia y obras sociales, en línea con los 75 años de presencia de su congregación en el Chiquitanía, celebrados en 2024. Nacida en Bolivia como hija de un artista hippie y una bailarina de ballet, Sor Mónica renovó sus votos en 2023 al cumplir 25 años de consagración, en una ceremonia que resaltó su vocación de servicio humilde y gozoso.
En su mensaje de despedida, compartido con Radio El Cacique —emisora local que la acompañó en numerosas notas y transmisiones—, Sor Mónica no ocultó la intensidad de los preparativos ni el cariño por su tierra adoptiva, extendiendo su gratitud al medio, su audiencia y la comunidad entera. «Paz y Bien, queridos hermanos de Radio El Cacique, amada audiencia y todo el pueblo de San José!!. Agradecida con el Señor por ustedes y cada persona que Él puso en mi camino. Me siento honrada y privilegiada de haber estado 6 preciosos años en esta tierra bendita, cuna de la cruceñidad y cuna de la misión Franciscana Angelina!!! Gracias por sus cálidas palabras que recibo con todo el corazón. El Señor los bendiga!! Voy a Rosario, Argentina, a la periferia, Villa Empalme Graneros, Capilla Santiago Apóstol. Donde cruzan las balas, pero a las hermanas las respetan. Trabajaré también en un colegio salesiano, para nuestro autosustento. Llevaré grabado en mi corazón los rostros de mi San José, cada persona, cada nota, la fachada de la iglesia, la imponente y abrasadora serranía, los tucanes surcando el cielo, el atardecer lleno de historia y esperanzas! El Señor los bendiga en abundancia y en ustedes sea bendecida toda su familia. Paz y Bien!!! Bendecido 2026!!», escribió la hermana, evocando imágenes poéticas de la serranía chiquitana, los tucanes y los atardeceres llenos de historia.
La comunidad franciscana angelina, fundada en Italia en 1884 por la Sierva de Dios Clara Ricci y presente en Bolivia desde 1949, ha sido pilar en la educación y el desarrollo de San José de Chiquitos, con obras como la Unidad Educativa Santa Clara que atienden a cientos de niños en un contexto multicultural. La partida de Sor Mónica, decidida por sus superioras en respuesta a las necesidades globales de la congregación, refleja el espíritu itinerante de las misioneras, que priorizan las periferias urbanas y rurales. En Villa Empalme Graneros, un barrio del noroeste de Rosario conocido por sus desafíos sociales —con presencia de violencia pero respeto hacia figuras religiosas—, se unirá a la Capilla Santiago Apóstol, perteneciente a la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, donde impulsará actividades pastorales y educativas en un colegio salesiano para el autosustento.
La feligresía josesana, invadida por la tristeza, organizó una misa de despedida que congregó a educadores, familias y autoridades locales, quienes destacaron su rol como «puente de paz y bien» en tiempos de pandemia y posconflicto. Su legado perdurará en los corazones de San José, mientras su nueva misión en Argentina promete extender el carisma franciscano a nuevos horizontes de esperanza y solidaridad.
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