En una histórica jornada marcada por el fervor religioso y una masiva convocatoria, este jueves 16 de julio se llevó a cabo la Eucaristía y colocación de la piedra fundamental del proyecto «Cristo de la Esperanza». La emotiva ceremonia, desarrollada en la cima del emblemático cerro Turubó (Monte Carmelo), contó con la presencia del alcalde Diego Caballero Saavedra, autoridades locales, un asambleísta departamental y el Monseñor Emérito Karl Stetter, principal impulsor e ideólogo de esta megaobra que busca consolidarse como la escultura de Jesucristo de mayor altura a nivel global.
El acto central coincidió estratégicamente con la festividad litúrgica de la Virgen de El Carmen, reuniendo a una multitud de devotos josesanos en un ambiente de profunda reflexión y expectativa. Con un diseño monumental proyectado de 70 metros de altura, el «Cristo de la Esperanza» superará significativamente las dimensiones de íconos mundiales como el Cristo Redentor de Río de Janeiro (38 metros) y el Cristo de la Concordia en Cochabamba (40,4 metros).

Durante la celebración de la Santa Misa, los asistentes participaron de un emotivo momento de oración y bendición de la primera piedra, un hito que marca el inicio simbólico de un plan de infraestructura civil altamente ambicioso. De acuerdo con las especificaciones técnicas presentadas, el coloso contará con una ingeniería interior transitable. Esto permitirá a los visitantes ascender por el cuerpo de la escultura hasta miradores panorámicos instalados en áreas clave, facilitando una visual completa de la llanura chiquitana desde una perspectiva única.
La actual administración municipal y los promotores de la iniciativa enfatizaron que este proyecto responde a una visión de reactivación económica, desarrollo regional y reafirmación de la identidad local. Al transformar el cerro Turubó en un punto clave de peregrinaje, se diversificará el ecosistema turístico de San José de Chiquitos, localidad que ya destaca internacionalmente por su patrimonio misional jesuítico barroco.
Con la bendición e instalación de este cimiento, arranca formalmente una de las apuestas de ingeniería y turismo religioso más imponentes de Bolivia. Las autoridades ediles y los líderes eclesiásticos recalcaron que el «Cristo de la Esperanza» nace como un símbolo de unificación comunitaria y un motor de empleo que situará de forma definitiva a la cuna de la cruceñidad en el mapa del turismo de magnitudes internacionales.

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