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El Josemané. La historia del abuelo malo y feo que inculcaba buenos modales

Tenía una careta fea, roja, alargada, con dientes grandes e irregulares, su vestuario era complementado con cabellos y falda de paja. Hasta antes de la Guerra del Chaco, salía por las calles de San José de Chiquitos, en las festividades de los Santos Reyes y la Pascua de Resurrección.

Cuando los españoles llegaron a América, encontraron pueblos con sus propias creencias religiosas, la cual formaba parte de su cultura. Quien ejercía la tuición o los quehaceres religiosos era el chaman, el brujo o el sacerdote.

Instauradas las Reducciones Misionales en la región de Chiquitos, los misioneros no anularon de hecho al chaman, porque representaban la organización y la creencia original del estado natural en que fueron encontrados; pero mantenerlos dentro de la misión era una posibilidad de resistencia al proceso de la catequesis.

Los Jesuitas en un comienzo no permitían que los chamanes participen del proceso de evangelización, ni de las actividades religiosas. Con el paso del tiempo y estudiado el comportamiento de los lideres religiosos nativos con creencias no católicas, se fueron permitiendo muchas cosas, como ser la presencia contestaria y critica a la nueva religión, pero con una máscara.

De acuerdo a una entrevista realizada por el extinto historiador Elio Buenaventura Montenegro Banegas, el año 1990, a Don Juan de Dios Barba, un miembro activo del Cabildo Indígena y conservador de los procedimientos que tradicionalmente se hacían en aquella época, las expresiones de los chamanes en cada festividad del pueblo de San José de Chiquitos, siempre fueron histriónicas, repitiendo con actitudes satíricas, los rituales religiosos, por ejemplo, en la Santa Misa cuando veían la elevación del Santísimo, ellos daban pataletas y remedaban lo que hacía el cura.

De esa forma los Jesuitas le dieron salida a una resistencia, para no dejarlas reprimidas y que podían eclosionar después. El acto de sacarse la careta públicamente y quemarla en el centro de la plaza, significaba incorporarse a la vida cristiana, porque ya no sentían el ánimo de oponer resistencia de la nueva religión. De esa manera poco a poco fueron incorporados todos los nativos chiquitanos y sus lideres religiosos a la ritualidad de la Iglesia Misionera de Los Jesuitas.

El abuelo feo, el abuelo pecador, el Josemané, se trataba de uno de estos religiosos que ya había quemado su máscara, que se había convertido, pero que cayó nuevamente el pecado de burlarse de la Religión Católica. Los Jesuitas para poder perdonarlo le dieron como penitencia la evangelización a los niños con buenos modales, educando a los niños en el concepto del buen comportamiento. Es por eso que usa una careta especial fea, con falda de paja y cabellera de paja, una forma totalmente ridícula.

A pesar de ser feo, el Josemané trataba de conquistar a los niños con palabras dulces y regalos, para enseñarles de que no vale la pena ser el malo. El comportamiento de los niños era el de no creerle porque ya había hecho una promesa y no había cumplido, por eso las enseñanzas eran recogidas con burla y terminaba siendo correteado.

Fuente: Entrevista realizada al Profesor Elio Montenegro el año 1994